Características y cultivo de la cresta de gallo (Celosia cristata)

La cresta de gallo (Celosia cristata) es una de las especies más conocidas de celosía, gracias no sólo a su vistosa floración, sino también a su facilidad de adaptación a diferentes ambientes y a su resistencia a las enfermedades. Y como si eso fuera poco, tanto sus hojas como sus flores pueden aprovecharse como hortalizas.

Se trata de una planta herbácea anual de origen tropical, con un tallo recto y no ramificado que puede crecer hasta alcanzar los 30 centímetros de alto. Sus hojas, elípticas lanceoladas, son de color verde o rojo bronceado, dependiendo de la variedad cultivada.

Foto: Fan Wen

Las flores de la cresta de gallo, como su nombre común lo indica, tienen forma de cresta y son aterciopeladas y gruesas, aparecen en verano y otoño, luciendo una gama de colores brillantes que incluyen el rojo, amarillo cremoso, rosa, naranja o blanco. Por lo general, cada flor puede mantenerse viva hasta un máximo de dos meses y puede llegar a producir una gran cantidad de semillas.

Los ejemplares de esta especie se reproducen fácilmente a partir de semillas sanas, creciendo con más fuerza y color si se encuentran en una zona con clima tropical, aunque también pueden desarrollarse en regiones más frías, aunque sólo si  se cultivan durante los meses de verano.

La cresta de gallo puede sembrarse directamente en un jardín de flores o en el interior para su posterior trasplante. En el caso del cultivo al aire libre, conviene sembrar la semilla después de que el suelo haya comenzado a tomar calor en la primavera. Si se decide por una siembra en interiores, es mejor hacerlo un mes antes de la última fecha de heladas en la zona, necesitando que se mantenga un buen nivel de humedad y de temperatura (16° C sería lo ideal) para garantizar su germinación.

Cresta de gallo (Celosia cristata): Suelo y riego

Esta especie puede crecer bien tanto a pleno sol como con media sombra, en un suelo enriquecido con una importante dosis de compost si se desea que produzca inflorescencias más grandes y brillantes. El sustrato debe mantenerse húmedo, pero deben evitarse los encharcamientos que podrían favorecer la aparición de hongos o la pudrición de raíces y tallos. Por tal motivo es importante asegurar que el suelo cuente con un buen drenaje.

Foto: Sarbjit Bahga

Por último, si se desea aumentar la cantidad de penachos o crestas, se recomienda podar la primera inflorescencia de la cresta de galloSi bien esta acción puede privarnos de disfrutar de esos colores iniciales, también promoverá más ramificaciones y estimulará una mayor producción floral.