Rúcula, cultivo, suelo y cuidados

Muy apreciada por quienes desean darle un sabor ligeramente picante y un mayor aporte vitamínico a sus ensaladas, la rúcula es una especie vegetal anual originaria del Mediterráneo Europeo, que se ha difundido por el mundo gracias a sus bondades culinarias y a su capacidad de brotar espontáneamente en casi todo tipo de suelos.

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Si se desea cultivar esta hortaliza debe tenerse en cuenta que la misma crece mejor en zonas de clima templado, con temperaturas de alrededor de 16 a 25 ° centigrados, mientras que a temperaturas más altas el crecimiento de la planta puede verse afectado.

Como ya se dijo, la rúcula soporta casi todos los tipos de suelo, siendo bastante tolerante a la salinidad y a las bajas temperaturas (aunque en zonas muy frías se recomienda cultivarla en invernaderos). Sin embargo, las plantas de esta especie suelen desarrollarse mucho mejor en suelos sueltos, de pH neutro a ligeramente ácido, ricos en materia orgánica y con buen drenaje, sometido a condiciones de luz brillante, con al menos dos horas de sol directo al día.

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La siembra de la rúcula puede hacerse en otoño o primavera lanzando las semillas al voleo, en una proporción de 8 gramos de éstas por metro cuadrado, implantándolas a 1 centímetro de profundidad. En condiciones ambientales favorables, la germinación sólo demora un día, mientras que en zonas donde la temperatura promedio varía entre 10 y 15º, las semillas brotarán dentro de los tres días siguientes.

También puede realizarse la siembra a chorrillo en surcos separados por 40 centímetros entre uno y otro.

Las superficies cultivadas de rúcula requieren un riego frecuente, tratando de mantener el suelo con buenos niveles de humedad, pero siempre evitando que se produzcan anegamientos. Es recomendable aumentar la dosis de agua unos días antes de la primera cosecha (que suele realizarse dos meses después de su implantación) y luego mantenerla, con el fin de tiernizar las hojas que serán extraídas.

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En cuanto a la cosecha propiamente dicha, ésta se realiza cuando la planta ha alcanzado los 15 o 20 centímetros de altura, procediendo a extraer las hojas bien desarrolladas utilizando una cuchilla bien afilada. También se puede sacar directamente toda la planta.

Sobre los peligros que pueden afectar a las plantas de rúcula, cabe acotar que las mismas pueden ser atacadas por distintos géneros de hongos (Fusarium spp, Phytium spp, Botrytis spp, etc.), cuya aparición puede prevenirse a través de la desinfección de las semillas. Una vez que se ha detectado la presencia de estos hongos, sólo pueden ser controlados mediante el uso de fungicidas específicos.

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Por otra parte, debe tenerse especial cuidado con los ataques provenientes de pulgones y orugas, que pueden ser combatidos con aceites minerales mezclados con algún producto piretroide (insecticida) o con sulfato de nicotina.

Ruben
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