Higuera: Características, cultivo y cuidados

La higuera (Ficus carica) es una especie originaria de Cercano Oriente y de la zona mediterránea que suele cultivarse en jardines o en contenedores, ya sea para aprovechar sus exquisitos frutos o para utilizarla como planta ornamental.

Se trata de árboles de porte bajo, capaces de alcanzar de 2 a 9 metros de altura, a veces ramificados desde el suelo de manera similar a un arbusto. Dependiendo de la variedad que se trate, su corteza puede ser lisa o algo rugosa, de color grisáceo, y puede desarrollar una copa densa, redondeada o achatada.

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Las hojas de la higuera de son lobuladas, grandes, verdes y brillantes por el haz y grises y ásperas por el envés. Sus flores, unisexuadas, están distribuidas por la superficie interna de un receptáculo lobuloso abierto en un extremo.

Dicho receptáculo, después de la fecundación, se hincha y vuelve carnoso, conformando una masa rica en materias azucaradas que terminan componiendo la fructificación de la planta, la que consiste en los higos, que nacen en primavera en los brotes nuevos, madurando en verano; y en las brevas, que nacen en invierno en las axilas de las hojas.

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Existen variedades bíferas o reflorecientes, conocidas como brevales o breveras, que dan ambos frutos, mientras que las higueras comunes sólo ofrecen cosechas de higos.

La higuera tolera bien las altas y las bajas temperaturas vegetando con normalidad, aunque la necesidad de asegurar una buena fructificación requiere unas condiciones climáticas específicas.

Debido a que se trata de una especie procedente del Mediterráneo, se desarrolla mejor en zonas de clima benigno en invierno y caluroso en verano, con precipitaciones escasas (cálido y seco). Es uno de los árboles más resistentes a la sequía. Cuando ésta es intensa permanece en estado de reposo desarrollando pocas hojas y no dando frutos.

Si bien puede crecer en distintos tipos de suelos, es mejor cultivarlo en un sustrato con alto contenido de calcio y con poca humedad, lo que asegura una cosecha de frutos de mejor calidad y al mismo tiempo impedirá que las raíces de la planta se pudran.

La técnica de multiplicación más usual de las higueras es por esquejes retirados de las ramas laterales. Hay que tener en cuenta que, cuanto más grandes sean los gajos utilizados, más rápidamente se desarrollarán las higueras y más corto será el tiempo para obtener sus frutos.

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Los pequeños árboles deben ubicarse en un sitio con pleno sol y suelo bien drenado enriquecido con materia orgánica. El pH del suelo preferido es 6,0 a 6,5, aunque pueden tolerar un pH de 5.5 a 8.0.

Higuera: Trasplante y poda

El trasplante de las plantas jóvenes a su lugar definitivo se hace en primavera, colocándolas a raíz desnuda sobre un pequeño montículo de tierra en el centro del hoyo de plantación, para permitir la correcta propagación radicular hacia abajo.

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La higuera puede podarse durante la primavera, una vez que ya pasaron las últimas heladas. En zonas con climas fríos se pueden realizar algunos cortes en la copa para permitir el paso de la luz, mientras que en áreas más cálidas es conveniente lograr una copa más densa para proteger la corteza de la luz directa el sol.

Ruben
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