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Plantas de interior: La drácena (Cordyline fructicosa)

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La drácena (Cordyline fructicosa), también conocida con los nombres de planta Ti, planta de la buena suerte, o polinesia, es una especie originaria del sudeste tropical de Asia, Papúa Nueva Guinea, Melanesia, noreste de Australia, el Océano Índico, y partes de la Polinesia, que se ha convertido en una de las plantas para interior más populares debido a que su atractivo follaje aporta un toque de color constante durante los 365 días del año.

Se trata de un arbusto leñoso de hoja perenne que en su hábitat natural puede crecer hasta un máximo de 4 metros de altura, con hojas de 30 a 70 centímetros de largo por 5 a 10 centímetros de ancho en la parte superior del tallo. Produce panículas de unos 50 centímetros de longitud en las que se agrupan pequeñas flores perfumadas amarillentas a rojizas, las que luego dan lugar a bayas rojas.

Plantas de interior: La drácena (Cordyline fructicosa)

Las hojas de la drácena pueden lucir de color verde, púrpura o rojo, o ser variegadas combinando dichos tonos, dependiendo de la variedad que se cultive. A medida que la planta envejece, va perdiendo el follaje inferior, dejando al descubierto su tronco de madera, lo que contribuye a darle un aspecto más interesante con el correr de los años.


Es una especie relativamente fácil de propagar, a partir de los hijuelos que a veces brotan en la base de cada planta. También puede multiplicarse por esquejes, en cuyo caso se requiere colocar los cortes del tronco en posición horizontal en un sustrato húmedo para macetas y dejando pasar varios meses para que germinen los nuevos brotes.

Para crecer y desarrollarse de la mejor manera, la drácena suele requerir de luz clara a intensa (sobre todo los cultivares variegados), evitando en todo caso la exposición directa al sol. Los niveles adecuados de temperatura para esta especie van de los 15 a 30°C. Durante la temporada invernal, debe tenerse cuidado de que el termómetro en la sala no descienda por debajo del valor mínimo antes señalado.

Al momento de definir la ubicación de esta planta, es importante tener en cuenta que las corrientes de aire y los cambios bruscos de temperatura pueden afectar seriamente su crecimiento y su estado de salud.

Se recomienda cultivar los ejemplares de drácena en un sustrato uniformemente húmedo y compuesto por una mezcla de tierra de bosque o monte, mantillo de hojas bien descompuesto y arena de río serrano para asegurar un buen drenaje.

Drácena (Cordyline fructicosa): Riego y fertilización

Para conservar la humedad correcta del suelo de la drácena cuando se cultiva como planta de interior, se sugiere regar sólo una vez que la superficie de la tierra se haya secado. Se puede hacer una revisión semanal para ver si la parte superior del suelo está seco, en cuyo caso se riega la planta hasta que el agua salga por los orificios de drenaje en el fondo de la maceta. Si se produce la aparición de puntas marrones en las hojas a pesar del riego adecuado, debe probarse a cambiar a agua no fluorada o destilada, ya que el flúor es levemente tóxico para las plantas.

El mismo líquido también debe pulverizarse sobre la planta para ayudar a mantener un alto nivel de humedad ambiente, replicando de este modo las condiciones del hábitat natural de la especie. Con la llegada de la época más fría del año conviene reducir las dosis de agua, aunque deben mantenerse las pulverizaciones.

Al cultivar una drácena en interiores, debe fertilizarse una vez al mes en primavera y verano, y una vez cada dos meses en otoño e invierno.


Articulo por Ruben | Categorizado en Plantas Interior | 17-11-2017




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