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Árboles ornamentales: El albaricoque japonés (Prunus mume)

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El albaricoque japonés (Prunus mume), también conocido como ciruelo chino, es una especie proveniente del Extremo Oriente que se utiliza con fines ornamentales en jardines, a los que aporta la belleza de sus espectaculares masas de flores fragantes durante el invierno.

Se trata de un árbol pequeño o mediano (puede medir de 4 a 10 metros de altura), espeso y caducifolio que tiene la particularidad de florecer a mediados de la temporada invernal, antes de la aparición de las hojas. Éstas son ovaladas con la punta aguda y miden entre 4 y 8 centímetros de largo por 2,5 y 5 centímetros de ancho.

Árboles ornamentales: El albaricoque japonés (Prunus mume)

Las flores del albaricoque japonés tienen un diámetro de 2 a 2,5 centímetros y emiten un olor fragante fuerte. Lucen colores en diferentes tonos de blanco, rosa o rojo, dependiendo de la variedad. La Prunus mume ‘Beni-chidori’, por ejemplo, posee flores en rosa oscuro que se desvanecen a rosa pálido a finales del invierno, antes de que se produzca la caída de sus pétalos.

El fruto madura a principios de verano. La drupa tiene de 2 a 3 centímetros de diámetro con una ranura que va desde el tallo hasta la punta. La piel se vuelve amarilla, a veces con un rubor rojo, a medida que madura, y la carne se vuelve amarilla. En la cocina china, japonesa y coreana este fruto se utiliza en jugos, como aromatizante de alcohol, y en salsas. También se emplea en la medicina tradicional de esos países.

Para su cultivo, se recomienda elegir un sitio con buen sol, aunque puede florecer sin problemas en áreas con media sombra o que sólo reciban luz solar durante medio día.

Si bien el albaricoque japonés no es particularmente exigente sobre las condiciones del suelo, es mejor que el medio de cultivo no esté demasiado húmedo o seco.

Para el mejor crecimiento del albaricoque japonés, se puede preparar un lecho de suelo mejorado, colocando una capa de 15 centímetros de compost sobre un área de por lo menos 2 metros cuadrados y labrar el compost en el suelo existente.

Para un trasplante correcto, se debe cavar un agujero ligeramente más grande que el terrón de raíz y lo suficientemente profundo para que la parte superior de aquél coincida con el nivel del suelo circundante, pero nunca por debajo del mismo.

Es importante que el joven albaricoque japonés se encuentre con una orientación vertical, asegurándose de que el ejemplar quede en un ángulo recto con relación a la superficie del suelo.

Para evitar que la planta se vea algo “floja” o se mueva con el viento, es recomendable rellenar bien el agujero con tierra y compactar firmemente el suelo alrededor de las raíces. También se aconseja levantar una cresta de tierra alrededor del lugar donde se enterró la bola de raíces, creando un área donde el agua del riego pueda acumularse y empapar lentamente el suelo.

Inmediatamente después de la plantación debe hacerse un buen riego. Al primer año, el albaricoque japonés necesita ser regado 1 o 2 veces por semana con un riego profundo que permita que el agua penetre bien hasta la parte inferior de la tierra que rodea la totalidad de la raíz. La frecuencia de riego dependerá del calor ambiente.

Albaricoque japonés(Prunus mume): Fertilización y poda

Esta especie suele necesitar una ligera fertilización  en marzo y mayo en el hemisferio sur, o abril y junio en el norte. También es conveniente acolchar el suelo con mulch orgánico como corteza de pino o astillas de madera.

En cuanto a la poda el albaricoque japonés puede ser sometido a trabajos de formación, además de labores de limpieza invernal para retirar las ramas muertas.




Articulo por Ruben | Categorizado en Arboles | 17-03-2017




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